domingo, 9 de febrero de 2014

El ritmo vital de la contingencia.


La poesía como camino para interpretar el presente es entendida con frecuencia como visión particular, personal, pero capaz de aportar luz universal, dentro de un juego dialéctico no exento de perplejidades y paradojas. Reflexiona lúcidamente sobre ello el texto “Il ritmo vitale della contingenza” de Sonia Gentili, aparecido en il manifesto el 7 de enero de 2014. Apuntamos algunas notas sobre el mismo.
Sonia Gentili

Dentro del actual debate italiano sobre el lenguaje poético, la poeta se pregunta por cuestiones básicas como ¿cuáles son las facultades expresivas implicadas en la poesía?, ¿cuál es su objeto?, ¿qué se entiende por “lo lírico”? Guido Mazzoni (Sulla poesia contemporanea, 2005) acudió al habitual argumento de la subjetividad, pero para marcar un progresivo definirse de la misma: de un yo universal premoderno (como es el caso del valor “ejemplar” del yo petrarquesco en el Canzioniere) a un yo “empírico” necesariamente individual (por ejemplo, el yo leopardiano que “naufraga” en la percepción del paisaje).
Sonia Gentili se opone a esta concepción bastante difundida, porque un yo “cerrado” en su propio empirismo puede proponerse, quizás justo por esto, de forma ejemplar. Se estaría enfrentando, en realidad, a una concepción del yo individual bajo el marco del idealismo de Croce y Contini. Así, dentro de esta tradición, trascendentalismos y materialismos se van entrecruzando y es difícil saber en qué plano se sitúa la poesía.
Ante esta situación, Gentili afirma: “Al contrario de la filosofía, la poesía es expresión de una radical contingencia: la de las percepciones y de las emociones de un individuo singular”. Afirmaciones como esta, al margen de suposiciones erradas que reducen toda filosofía a un sistema cerrado y universalista, sí que nos dan la clave de su punto de vista: se trata de un materialismo basado en las sensaciones, convirtiendo en “real” aquello que tiene un punto de partida somático.
Y esto la sitúa en la línea de Bocaccio, a pesar de ser vencido por la poesía de revelación teológica obrada por Dante y Petrarca; igual que ocurrió con el escepticismo de Montaigne, ocultado por el universalismo abstracto cartesiano, que se impuso como principal voz de lo moderno.
De la misma forma que hemos tenido ciegamente fe en lo universal, ese yo platónico-cristiano se ha extendido como dogma, y es lo que quiere combatir Gentili, oponiéndole la verdad de los fenómenos singulares, territorio de imágenes que asume una poesía como la de Bocaccio. Apuesta por imágenes contingentes (montañas, estados de ánimo…) que en poesía trascienden, superando el propio límite espacio-temporal.
La tensión entre universal y singular no aparece pues en el plano de la autorepresentación del poeta, sino en relación con el estatuto expresivo del lenguaje poético: “El concreto tejido de toda poesía es el ritmo en cuanto experiencia, percepción y expresión –humana, por tanto subjetiva– del movimiento vital”. Así, incluso los versos de Leopardi, que expresan el perderse del individuo en el indefinido pulso de la realidad (“e naufragar m’è dolce / in questo mare” [“y el naufragar en este mar / me es dulce”], son producto y ritmo de una realidad concreta que emana de la percepción, como reconoce Giuseppe Pontiggia en Poesia e ciò che non muta (2005): “sin esta física, sensorial verdad […] no se da poesía”.
En esta misma línea se encontrarían estudios recientes como el de Brunella Antomarini, La preistoria acustica della poesia (2012), que devuelve la poesía al plano antropológico, dentro de una tradición que tiene como referencia a Ernesto De Martino, que proclama que toda actividad mitopoiética se da como “mediación originaria entre existencia e historia”.
Aunque no lo cita, quizás tras lo abierto, lo que nos queda, con Rilke, es ese nombrar los objetos singulares. Pero hemos de cuidarnos de ello, porque probablemente este acto caería de nuevo en un misticismo nominalista heideggeriano. Gentili evita los conceptos abstractos y propone “conducir el lenguaje a la oscuridad de la singularidad, a lo no conceptualizable”, casi como si Th.W. Adorno resonase en estas páginas.
Sin embargo, a quien hace referencia en este texto es al profesor de literatura de finales de la Antigüedad Stéphane Gioanni, quien alude a un gran productor de imágenes laberínticas en prosa: Ennodio di Pavia (siglo VI d.C.), quien afirmaba que en la imagen poética “se crea el conflicto que opone la palabra a su inteligibilidad”.
Se trata de reivindicar un vitalismo para una poesía que extrae de la singularidad su ritmo: esta totalidad vital “arrastra el nexo no experimentable de otro modo entre objeto y mundo dentro del círculo físico del objeto percibido singular”. Al respecto aporta varios ejemplos de este “extraer de la singularidad” la esencia de la creación poética para concluir que “forzar el límite de la contingencia sin la escapatoria del concepto significa renunciar al binomio particular/universal […] para permanecer en la concreta dialéctica que opone la cosa singular a su límite, es decir, el devenir de la muerte”.
Con un símil con la danza termina la percepción de esta poesía como ritmo vital, citando una vez más a Pontiggia para establecer lo “empírico” como inestabilidad del movimiento: “el tejido concreto de la poesía está constituido por la lucha entre flujo y forma, entre movimiento y esquema, mucho más que por el yo del poeta”.
La centralidad del yo poético se ve entonces acompañada por su marginalidad y debilidad. Este mismo estado de voluntad “débil” del poeta es lo que llevó a Hölderlin a hablar de “condición intermedia” del yo poético, pero evitemos caer una vez más en el orfismo mistificante de Heidegger, para seguir fieles a Boccaccio, sintiendo que la poesía expresa solamente la danza de la fortuna.
De claris mulieribus, de Giovanni Boccaccio
Grabado perteneciente al incunable impreso en 1494 en el prestigioso taller de Pablo Hurus, ilustrado con bellos grabados que representan escenas mundanas. La Biblioteca Nacional de España conserva este hermoso incunable con 75 grabados de marcado estilo germánico.




Sobre la autora: Sonia Gentili
Artículo original en italiano: Il ritmo vitale della contingenza